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Friday, August 31, 2007


DIANA, WE LOVE YOU 4 EVER
Vuestra lady (que no Diana, que sí Googla) no suele acribillaros a detallazos de su vida privada, pero hoy y con motivo del cacareado décimo aniversario de la muerte de la princesa por antonomasia - Diana de Gales -va/voy a contaros una anécdota de su/mi vida personal.
No sé qué día cayó el 31 de agosto del 1997 aunque creo recordarme que era un fin de semana, quizás un domingo. El verano del 1997 fue algo especial para mí, fue un summer of love muy loco que pasó como un relámpago a la vez que pareció durar una eternidad. Los días no se caracterizaban por la dicotomía laborales vs festivos sino que todos, absolutamente todos, eran días de fiesta. Me enamoré locamente, bailé como una cigarra epíléptica y dejé unos cuantos kilos en el intento y con eso creo que ya he dejado algunas pistas.
Ahora que me lo pienso mejor, el 31 de agosto debía de ser un sábado o un domingo ya que volvíamos del Tuareg cuando nos enteramos de la noticia. El Tuareg ... era un After Hours a cielo abierto en Mojácar Playa, saliendo ya hacia Carboneras. Un sitio medio salvaje entre mar y sierra, bajo las palmeras del cual bailábamos y donde no nos cobraban la entrada. Lo llevaba un italiano de cuyo nombre no me acuerdo. Sólo abrían los viernes y los sábados (mejor dicho sábado y domingo por la mañana) y vivían de la barra. Sobra decir que ese lugar ya es difunto, no sé si han edificado alguna urbanización allí, pero no me extrañaría. Casi me huelo que habrá un golf de 18 hoyos.
Pero en el 1997 el Tuareg era una referencia, una etapa obligataria para los más fiesteros del Levante almeriense, para las tribus jipiélectrónicas que aún no habían desertado aquellos paraderos secos y futuros blancos de la especulación para cruzarse Andalucía de par en par, de Este a Oeste y hacer de los Cañas de Meca y aledaños su nuevo cuartel general.
Allí en el Tuareg pinchaban tipos de la costa y de Madrid, y otros también mientras que los chavales de movida más étnica tocaban los tambores al linde de la pista. Había gente super fashion, otros cool de verdad, muchos colores, muchos colocones, energía (química) por doquier, ojos que se escondían bajo esas gafas baratas y chillonas que el Neng de Castefa ha vuelto a poner de moda.
El 31 de agosto del 1997, seguía allí al mediodía con mi peña y con mi novio. Ya no podíamos mover el body, el body había bailado más de la cuenta a lo largo del verano/cigarra y ya no podía consigo mismo. Vuelvo a vernos todos sentados debajo de los árboles y mi novio triste, la mirada partida, porque ambos sabíamos que se nos había acabado el crédito. Por circunstancias complejas que no voy a exponer ahora tanto por falta de tiempo como por pudor y recelo, ya no podíamos quedarnos juntos y lo sentíamos sin decírnoslo. Ya no podía con él y me imagino que él tampoco conmigo, sin embargo quedaba ... algo ...
En fin, al salir del Tuareg, ya entradas las primeras horas de la tarde, subimos en mi coche al pueblo y nos metimos a la sombra, en un bar que acoge al visitante que sube la muy empinada calle que lleva al pueblo : el Pavana. Por discreción callaré el nombre de la sonriente camarera que nos caía de maravilla por su simpatía perpetua y su chispa.
Mientras estábamos (hablando al "nos" me refiero sobre todo a mi mejor amiga de entonces y a mí, mi novio ya se quedaba en el segundo plano, en un rincón del bar, creo) tomando un refresco en la barra, la camarera nos dijo a quemarropa y con un tono absolutamente neutro "Ha muerto lady Di". "¿Qué?" contestamos a coro. "Ha muerto Lady Di en París, en un accidente de coche".
Ni mi mejor amiga de entonces ni yo éramos monárquicas, ni mucho menos, pero aquella noticia enunciada como un detalle fue una ducha fría. Para decirlo de otra manera, digamos que la muerte de la princesa nos bajó un poco el estado de ánimo ... Y bueno, sé que lo que voy a decir va a sonar muy presumido, da igual, lo que pasó entonces es que me tomé la muerte de Diana como una advertencia personal, en plan "hija, aminora la marcha, si sigues así tú también vas a acabar dándote contra la pared". Espero que sea una manera infinitesimal de honrar la muerte de la princesa ...
Lo cierto es que al día siguiente, 1 de setiembre entonces, mi novio y yo nos separamos, abrazándonos, deseándonos buena suerte y tiramos cada uno por nuestro lado. No volví a saber nada de él, se fue a vivir a otro lado. No tenía el nombre más estrafalario del país, se llama sencillamente Pepe ...
Diez años han pasado. Entretanto volví a Francia, luego me afinqué en Madrid. Diez años que han pasado como un relámpago a la vez que me han brindado mucha, mucha vida. Cambié, maduré, tengo la suerte de conocer a gente maravillosa aquí en Madrid.
Las cosas no se repiten sino que evolucionan. Acabo de pasar un verano/hormiga, preparando proyectos que - eso espero - darán sus frutos. Tengo aquí un amigo que se llama José y que cumple los 36 años mañana (y no los aparenta como él mismo dice y le doy la razón).
Asi que aprovecho el final este post para felicitarle, decirle "take care, sigue igual de simpático, de amante de la música. Ten siempre ese brillo en los ojos, ese entusiasmo que te lleva a conocer a gente y sitios, sigue creyendo en el amor, sigue escribiéndome esos mails llenos de humor y de información".
Un abrazo José y buen fin de semana a tod@s
Ay, se me olvidaba algo importante, ¡los créditos! La ilustración de este post es obra de mi amiga Antonia Braun, fotógrafa, artista plástica multifacética. Cuando ella tenga un sitio web, lo pondré en mis vínculos, que lo que hace es una maravilla.